Por muchos años, ver la Cordillera de los Andes con la inconfundible silueta del Volcán Descabezado Grande, desde el Valle del Maule, fue parte de una rutina diaria que uno vivía. Las distancias parecían eternas y las soledades de esas montañas en la distancia, con aquellos "hielos eternos" eran inalcanzables hasta para la imaginación, porque la Cordillera, aunque hermosa, nos separaba del resto del mundo que había.
Solo avezados arrieros cruzaban la montaña en busca de mejores pastos para su ganado y algunos intrépidos viajeros decidían emprender la aventura de cruzar durante los meses de verano, a lomo de mula o cubriendo trechos en una penosa caminata hasta llegar al primer puñadito de casuchas argentinas, donde te recibían con un buen mate y chivo, además del viento y el silencio de las alturas.
Me imagino que la travesía nunca debe haber sido fácil, porque el clima en la cordillera cambia como genio de niña malcriada, pero la magnitud de esos paisajes, debe haber compensado la agonía del trayecto hasta el otro lado, hasta la próspera y extensa República Argentina.
Cuando yo aun cursaba la Educación Media, se construyo el Embalse Colbún-Machicura. Un lago artificial en la precordillera, con el fin de proveer de electricidad a la mitad de Chile. En esos años, se abrió un camino donde en muchos casos, solo había una senda para tránsito de ganado y se fue ganando territorio hacia arriba, aunque localidades como La Suiza, La Mina, Las Garzas, El Medano, etc. ya existían por derecho propio. Pero eran nombres pintorescos, para los que vivíamos en el valle. Así se creo un camino y también las intenciones de abrir el Paso Pehuenche, para transitar hacia Argentina y llegar a la lejana localidad de Malargue.
Ese fue un sueño, una volada espiritual e intelectual que no tenía mas asidero que en un manojo de buenas intenciones y mejores ideas, de algunos ciudadanos talquinos y malarguinos. No había siquiera una traza formal de camino en algunos tramos, solo la huella cancina del ganado y la vulnerabilidad de la senda, que desaparecía a la primera lluvia con fuerza.
En algún punto, los sueños se transforman en una realidad palpable, y desde el año 2013 contamos con el Paso Internacional Pehuenche, que une el Valle del Maule, con la bella localidad de Malargue en Argentina. La primera vez que yo cruce ese paso y dejé de ver el Volcán Descabezado como un limite a la imaginación, fue en el mes de mayo del 2013. Salimos desde Talca y cuando llegamos a la Aduana en el sector de La Mina, podía sentir el palpitar de mis emociones, porque al fin, iba a cruzar esa barrera que había estado al frente de mi ventana, casi una vida entera. Asi fue como al llegar a la Explanada del Cerro Campanario, se comenzó a dejar sentir "el otro lado", ya no distante e impenetrable, si no que amplio y acogedor.
Para mi, la experiencia de recorrer el camino que une Talca con Malargue, es la posibilidad de pedirle a la montaña permiso, para adentrarnos en ella, para dejarnos maravillar por sus parajes, para tratar de imaginarnos como hubiera sido antes y saber que después de mucho tiempo, un grupo de soñadores, al fin ve materializado su gran sueño.
Ahora, lo único que falta es comenzar a viajar a Malargue, porque como siempre he creído, la cordillera nos une, nos hermana, nos pone tan cerca como nunca hubiéramos imaginado, mirando el Descabezado Grande, desde el Valle.