Tuesday, 28 May 2013

Cuando despierta la naturaleza

Tenia la promesa de escribir sobre la Ruta 40 en Argentina, o al menos, del trayecto que va desde Malargue hasta Chos Malal, que es lo que nos toco recorrer cuando estuvimos de visita  hace un par de semanas atras, en el pais vecino.
En realidad, a mi me habia tocado recorrer la Patagonia Argentina, que es plana, llana y derecha, con un camino sin mayores sorpresas que algun Gaucho montado a caballo, tomandose un mate y viendonos pasar sin mayor novedad que un grupo de chilenos atiborrados en un bus, cantando las mas aburridas canciones evangelicas que nunca van a tener el disgusto de escuchar, a menos que el destino sea Punta Arenas, para un encuentro secular de las Iglesias Evangelicas unidas, por alla en la decada del hilo negro y cuando la tierra aun no salia de sus calenturas.
Pero de la Mitica Ruta 40 no tenia mas luces que la linea recta en un mapa, orillando el otro lado de los Andes, con volcanes chilenos en erupcion. Mas alla de esa geografia, no habia un territorio para mis ojos, ni siquiera una necesidad como esas que le surgen a una en la juventud, de recorrer el Camino del Inka hasta Machu Pichu o el de visitar las Piramides en Egipto. Cuestiones propias de un buen marketing turistico que te hacen anhelar lugares remotos (o no tanto) y que te hacen sentir que la unica forma de pertenecer al mundo, es cuando estas alli, en la punta de la Torre Eifel, por ejemplo, junto a cientos de miles de turistas que tuvieron la misma idea y fueron tentados por las mismas maquinarias del turismo organizado.
Recorrer la Ruta 40 para mi era nada mas que una frase, una palabra aislada dentro de una geografia que yo creia que no me pertenecia.
Acostumbrada a ver la cara poniente de los Andes, siempre estrechando su cordon culebrero desde norte a sur de Chile, con los espacios delimitados por la cordillera o por la costa, las magnitudes territoriales de Argentina ni siquiera me habian alcanzado en los ultimos tiempos.
La inmensidad de sus espacios y la libertad de sus planicies no habian hecho mas eco en mi, que aquel casi olvidado viaje por la Patagonia, rumbo al fin del mundo, en una epoca en que era el Austral el que mandaba y encontrar una vulcanizacion nos tomo casi un dia, hasta que se nos prendio la ampolleta con eso de las gomerias. Siempre he dicho que tan pronto uno deja el territorio nacional, los horizontales se abren completos rumbo al Atlantico. Cruzando la Cordillera de los Andes y bajando a las primeras planicies del argento, la cara nos cambia y el mundo se vuelve nuestro, abandonando esa idea de que Chile es una isla, alejada de todo.
Pero la Ruta 40 desde Malargue hasta Chos Malal se encargo esta vez en recordarme que los Andes al otro lado de nuestros Andes chilenos, son parte de un paisaje que debiera comenzar a sernos regular, mucho mas que las Fiestas Patrias en Mendoza.
Hay 50 km. de carretera como las huifas, con mas agujeros que pavimento y algunos sectores curvilineos que seria bueno evitar con lluvias y derrames, pero el resto es un camino que vale la pena y la larga angustia de que parece que no vamos a ninguna parte, porque si Dios realmente creo el Mundo, debe haber partido por la Ruta 40, donde el ensayo y el error ha dado una magnificencia al paisaje que ya se lo quisieran otros destinos del mundo.
La Ruta 40 se trata de un territorio para entendidos en viajes y latitudes, para alguien que haya recorrido un poco mas que los 100 Km a la redonda y que este dispuesto a aventurarse al paisaje como si recien Dios lo hubiera creado con un par de semanas de anticipo. Es recorrer y recorrer y seguir recorriendo por entremedio de valles de escoria volcanica, por las faldas de volcanes macilentos, por el cordoncillo de crestas y lomas con pendientes infinitas y planicies amarillas con cerros rojos en el medio.  Por atacar la sorpresa del paisaje con mas sorpresa hacia adelante, y reconocer que uno es simplemente un punto en la distancia, un remoto recordatorio de vida humana en casi 200 kilometros en que no se cruzo nadie, ni un suspiro siquiera.
Hubo un punto en el viaje en que queriamos parar la escandalera y dejar algun paisaje para mas despues, para cuando los ojos se volvieran a acostumbrar a no ver tanta maravilla, si no que la normalidad compuesta. Pero era imposible, porque tras derribar una loma y caracolear nuevas curvas, iban apareciendo otras imponentes cumbres escarmenadas, otros campos de escoria volcanicas nos daban la bienvenida y lagunas coloradas, blancas o verdes iban dando encandilamiento al paisaje, que era abierto, completo, total, absoluto como nadie imaginaria nunca.
Con el alma en un hilo, no fuera cosa de que la Ruta 40 nos llevara hasta la mismisima Patagonia sin habernos dado ni cuenta, por fin dimos con Chos Malal, un pueblito perdido y sin muchos colores desde la carretera, que aunciaba una Oficina de Informacion Turistica como Dios manda.
Quien en esas latitudes perdidas del cielo, se imaginaria que a la pasada de un pueblito plomoso y con cara de aburrido, se iria a encontrar con muchisima informacion? nadie, y nadie siquiera hubiera dado ni un par de pesos Argentinos, por adentrarse en el pueblo.
Pero despues de las plomisas casitas de la entrada y agarrando vuelo rumbo a la Plaza, uno se encontraba con un pueblito lleno de vida, bullente y atento, colorido y vital.
Como diria un buen argentino, si la Ruta 40 no lo tiene, lo inventa y asi fue como nos paso a nosotros, que en la mitad de la nada, aparecio Chos Malal.

De lo que es nuestro, de lo que nos pertenece como Sudamericanos, deberiamos declarar a la Ruta 40 como propia, como parte del  patrimonio imperdible de la dramatica naturaleza del fin del mundo, o del inicio de esta. Porque las maravillas son tantas que no me alcanzan los dedos para enumerarlas, solo cerrar los ojos y dejarme llevar hasta esos lugares donde pareciera que Dios hubiera iniciado todo.
Yo no la tenia entre mis logros de viajes y recorridos, pero ahora estamos programando recorrerla de punta a cabo, cosa de anotar en la agenda de viajes, que recorrimos la Mitica Ruta 40, esa que da paso a mas maravillas de las que uno lograria enumerar en toda su vida.


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