Monday, 8 April 2013

Cuatro Amigos

Tal vez, hay pocas ocasiones en que me haya tocado compartir con mis pares laborales, como este fin de semana, cuando tuvimos que recibir con Karin a un grupo de empresarios turisticos de Malargue, Argentina.
En realidad, el llamado fue de ultima hora y con la perspectiva de sacrificar un fin de semana a costa de mi vida familiar y el regaloneo con mi hijo chico, no sabia bien si el esfuerzo valdria la pena. Pero acostumbrada a salir a camino, a arrastrar la chalupa por la senda Maulina, mas valia que me hiciera el animo y que aplicara con la mejor de mis sonrisas, para "recibir a las visitas".
Mal que mal, cuando uno va de visitante a algun lado, al menos merece ser bienvenido.

Asi que tal cual decia mi abuelito, que lo cortez no quita lo valiente (que en su caso era mas bien "lo caliente"), agarre algunas pilchas y me las emplume a camino. Al poco andar me di cuenta que ademas de aquello de ser guia, yo soy fundamentalmente maulina, lo que significa que por mas reacia que este a mostrar la ojota y los origenes promaucas, termina saliendo igual desde el decoro, esa beta absolutamente chacoteadora y ladina.
Hija natural de las fertiles tierras maulinas, criada a socarron de ulpos y deguelle de chuicos de tinto, no hay como sacarle el cuerpo al hecho substancial de que conozco el Maule, no solo por la valentia teorica de un libro, si no que ademas, porque lo he recorrido de arriba a abajo y de abajo a arriba,  no tan solo como parte de una ruta turistica, si no tambien que como parte de mi vida.

A medida que avanzabamos, que ibamos dejando tras de nosotros el valle y encaramandonos por las laderas del secano, se abrian a nuestros ojos no solo el paisaje, si no que tambien la hermandad de dos pueblos, que estando tan cerca, parecieran quedar tan lejos. Argentina esta al lado, mirando la otra cara de los Andes, recibiendo la ceniza de nuestros volcanes, soportando el sopor de las nubes sin lluvia, abasteciendo la insuficiencia geografica de estos chilenitos, que con cada terremoto vamos perdiendo algunos centimetros  para arrimarnos mas al lado de nuestros vecinos. Cuando uno se reconoce tan igual y tan mortal  como los Argentinos, deja de lado esos nacionalismos requebrajados y esas envidias idiotas, para darle paso a un sentimiento de hermanos, mucho mas si Malargue queda a la misma equidistancia que Talca y se en vez de ser rivales, nos potenciamos  como el mejor complemento para el otro.

Ahi entonces, comienzan a desaparecer los limites, la frontera ficticia sobre la maxima altura de los Andes, y dejamos de ser de un lado o del otro, hasta que el proximo partido Chile-Argentina nos separe. Pero el futbol dura tan poco, mientras el trabajo en conjunto puede durarnos la vida. Por lo mismo, en algun punto entre el secano y la costa, a mi me dejo de pesar la guia y comence a sentirme entre amigos, como si me hubieran venido a buscar para darles la vuelta por el Maule.

Y al recorrer los parajes entre amigos, la misma percepcion del recorrido cambia, modifica sus colores, alegra de otra forma. No hay que engalanar las cosas para mostrar como no son, todo lo contrario, hay que dejar que la sinceridad del producto se exprese, como esos vinos cauqueninos sin ningun legajo, simplemente fruto del trabajo de una parra centenaria a manos de un viticultor sabido. No hay como detener los caballos en la Hacienda de Pelluhue y pedirle a las olas que se calmen, en Curanipe. No es necesario cubrir la melosidad de la jaiva en Pellines, ni mejorarle la cara al parroquiano vecino en lo del Padre. Ni siquiera hay que pretender que el gesto aquel no se hizo, en Los Caulles o que el viento no corre pelado y frio en las Dunas.
Lo que vas viendo, es lo que va habiendo cada dia en la orilla curvilinea de la costa maulina. La Pesca al pasar y luego viene Iloca, para terminar en Duao esperando la primera puesta de sol en el Pacifico.

Como diablos no disfrutar a esas alturas, cuando a pesar del cansancio y lo largo y extendido del viaje, podiamos seguir compartiendo como hermanos, una copa de vino, los mariscos y hasta el tecito de yerbas digestivo.
Uno cree que ha vivido tanto, pero la verdad, esta solo comenzando a encontrarse con los otros, del otro lado, que siempre han estado alli, y que a razon de la apertura del Pehuenche, vinieron a conocer el vecindario vecino, a recorrer estas tierras gredosas, volcanicas, estruendosas y amplias.

Cuando un chileno cruza a la Argentina, comienzan a abrirsele los horizontales y a sentirse parte del mundo, esperemos que cuando un argentino pasa para este otro lado, tambien un mundo se abra para ellos, porque finalmente, somos parte de una misma historia, hijos de la misma madre tierra, hermanados por una cordillera hermosa.

Si, yo sali este fin de semana a recorrer el Maule con un grupo de empresarios turisticos argentinos, pero termine recorriendo, con cuatro nuevos amigos.



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